MÚSICAy habilidades personales

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Presentación

Los años que llevo ejerciendo la docencia y como musicoterapeuta me han evidenciado que la música tiene unas cualidades que ayudan a desarrollar destrezas y habilidades muy útiles tanto para el autoconocimiento como para el desarrollo personal. En este texto analizaremos las distintas formas posibles de relacionarse con la música, desde la escucha receptiva hasta la práctica de tocar un instrumento o cantar.

Características de la música

Yembé

Ante todo, recordaremos que los elementos básicos de la música son el sonido, el ritmo, la melodía y la armonía y que cada uno de ellos tiene una localización cerebral distinta. Así, el ritmo se localiza en el nivel bulbar (acciones reflejas motrices), la melodía en el nivel encefálico (emociones) y la armonía en el nivel cortical (actividades intelectuales).

La música es un lenguaje que presenta una forma y una estructura, como un idioma: tiene ritmo, pausas, acentuación, inflexiones y melodía, cambios en la intensidad, etc. Es un lenguaje no verbal, que transmite un mensaje que llega directamente a la emoción, sin necesidad de poner palabras o etiquetas.

LA IMPORTANCIA DEL OÍDO EN NUESTRAS VIDAS

La música se basa en la utilización del sentido del oído, como el lenguaje, y aunque también tenga el soporte visual de la lectura y la escritura de las partituras, lo más importante es el soporte auditivo: la música escrita, si no fuera tocada, es decir sonorizada por alguien no la podríamos oír.

El médico foniatra y neurofisiólogo Alfred Tomatis señala que varias de las funciones del oído son tan importantes como la audición. Una de estas importantes funciones, es la vestibular. El vestíbulo controla el balance, coordinación, verticalidad y tono muscular de los ojos. Debido al vestíbulo podemos desarrollar una imagen de nuestro cuerpo en el espacio. El vestíbulo es también una conexión importante para toda la información sensorial que el cuerpo manda a la mente. Los niños que tienen problemas vestibulares tienen con frecuencia dificultades de integración sensorial.

Anatómicamente, el nervio vestibular está presente en todos los nervios de la médula y, debido a esto, está conectado directamente con todos los músculos del cuerpo. Un mejor control vestibular aumenta la conciencia temporal-espacial que se requiere para el sentido del ritmo.

Otra parte importante del oído interno es la cóclea o caracol. Su función es la de analizar sonidos. El vestíbulo y la cóclea están unidos y actúan como enlazadores de comunicación entre el sistema nervioso y el cerebro, para toda la información sensorial. El tacto, la visión y la escucha son interpretados por nuestro sistema vestibular-coclear.

La música es un lenguaje no verbal que transmite un mensaje que llega directamente a la emoción, sin necesidad de poner palabras o etiquetas

IMPORTANCIA DE LA ESCUCHA

Cuando la función de escucha se produce correctamente, el cerebro demuestra una mayor habilidad de aprendizaje ante la estimulación del medio ambiente. Nuestros oídos juegan un papel principal en la estimulación del cerebro. Tomatis lo expone de esta manera: “El oído se puede comparar con una dinamo que transforma las estimulaciones que recibe en energía neurológica encauzada a alimentar al cerebro”.

El oído es principalmente un órgano destinado a efectuar una carga cortical (es decir, a aumentar el potencial eléctrico del cerebro). El sonido es transformado en flujo nervioso por las células ciliadas del oído interno. La carga de energía eléctrica obtenida por el flujo de los impulsos nerviosos llega a la corteza, que a su vez la distribuye a través de todo el cuerpo con el propósito de tonificar todo el sistema.

La música ejercita la escucha y, por lo tanto, contribuye a energizar el cerebro, además de hacernos más receptivos a los demás y al entorno.

Distintas aproximaciones a la música

Cuando hablamos de usar la música como una herramienta de crecimiento y desarrollo de habilidades personales, solemos imaginarnos a nosotros mismos en una actitud receptiva o pasiva, escuchando música. Pero no es la única forma en que podemos tener un contacto fructífero con la música. De hecho, hay diferentes aproximaciones que comportan distintos beneficios.

Músico profesional

En primer lugar, podemos hablar del intérprete o compositor profesional, aquél que vive de y para la música: músicos de distintos estilos (clásica, jazz, pop, cantautores…) o los compositores que componen músicas de distintos géneros (bandas sonoras, sinfónica, ligera, etc.). Es evidente que estos profesionales han de desarrollar unas destrezas particulares, que vienen determinadas por su especialización. Para tocar el piano, por ejemplo, se requieren unas habilidades motrices muy finas y precisas a fin de coordinar los movimientos de los dedos, muñeca, codo, espalda, con gran exactitud y velocidad. Cualquier error en un movimiento implica que una nota se toca equivocada.

Además, para el oficio de músico hay que trabajar mucho el oído junto con la audición interior, es decir la capacidad de escuchar internamente los sonidos y las melodías. También hay que adquirir un dominio de los símbolos gráficos o notación musical, para poder alcanzar la misma eficiencia y velocidad leyendo música como si se tratase de leer un idioma escrito. Hay que lograr una asociación inmediata entre el reconocimiento del nombre de la nota, según su colocación en el pentagrama, con el sonido que tiene, para poderla tocar afinada en un violín, por ejemplo, o cantarla. La memoria es una cualidad importante; los concertistas de música clásica, por ejemplo, tocan sin partitura.

Algunas de estas habilidades son comunes al aprendizaje del lenguaje: la asociación símbolo gráfico-sonido, que usamos al leer, la memoria de la pronunciación y entonación de las palabras… pero hay otras que sólo se usan en la música, como por ejemplo la capacidad de escuchar varias voces o instrumentos a la vez, realizando a la vez un análisis y una síntesis auditiva (escuchar el todo y las partes al mismo tiempo).

Melómano


Luego encontramos al usuario pasivo, aquella persona a la que se llama generalmente melómano, que va a conciertos o escucha música de forma habitual en su casa, en el trabajo… que es sensible y receptiva, que disfruta escuchando. Tiene una actitud pasiva/receptiva hacia la música.

Intérprete aficionado


Una tercera categoría sería la de los intérpretes aficionados, aquellas personas que cantan en una coral o tocan un instrumento como hobby, bien sea de oído o habiendo cursado estudios musicales elementales. Pueden, incluso, tocar con algún amigo o en un grupo amateur. Tienen una actitud activa interpretativa o imitativa respecto a la música.

Creador musical aficionado


Otra aproximación o relación posible con la música está formada por las personas que en lugar de, o además de, ser intérpretes aficionados, son creadores. Se trata de personas que improvisan tocando o cantando, que inventan temas musicales y melodías, pero en el ámbito amateur, es decir que la música es un hobby para ellos. En su casa, con el instrumento buscan combinaciones de sonidos que les gustan. Podemos decir, no obstante, que este grupo es el menos numeroso.

Nuestra cultura tiende a propiciar la especialización y la excelencia, de manera que solo se considera que está capacitado para crear el músico profesional, el que tiene un bagaje y unos estudios y se dedica a ello como forma de vida. Parece que el resto de las personas están condenadas a ser meros espectadores o imitadores de las interpretaciones y composiciones de los “grandes” y su única actividad puede ser asistir a un concierto, comprarse un disco y escucharlo en casa o cantar los éxitos del momento… Este colectivo muestra una actitud hacia la música activa/creativa.

Todos tenemos capacidades musicales innatas, pero hace falta que en la infancia sean estimuladas y aumentadas por un ambiente favorable, tanto desde el punto de vista musical como desde el afectivo

Aprendizaje

Destrezas musicales innatas y adquiridas


Antes de ver qué habilidades nos ayuda a desarrollar la música hablaremos de los requisitos que se necesitan para disfrutar de ella. Es bastante frecuente creer que hay personas que no están en absoluto dotadas para la música, que tienen poco o nada de oído, que desafinan al cantar, que no reconocen o no diferencian una canción de otra… Y si bien es cierto que existe esa incapacidad llamada amusia, es muy rara. En cambio se ha determinado, a través de numerosos estudios, que todos los bebés nacen con unas habilidades musicales innatas y que los pequeños son muy receptivos a la música. Durante toda la infancia los niños manifiestan aptitudes musicales que se van desarrollando.

ESTÍMULOS MUSICALES EN LA INFANCIA

También es cierto que la evolución de estas capacidades, en el sentido de aumentarlas, mantenerlas o disminuirlas, depende grandemente del entorno que tienen en la infancia. Así, un niño que vive en un ambiente en el que nunca se escucha música, nunca se canta, o en el que la madre o el padre sí cantan, pero desafinan notablemente, puede llegar a perder las habilidades innatas y acabar desafinando él también. La posibilidad contraria es que esas cualidades inherentes se vean reforzadas por un ambiente musical y/o por la realización de estudios musicales, aunque sean de nivel muy elemental, como los que se siguen en la escuela primaria.

En este caso, el niño puede llegar a tener un buen o muy buen nivel musical, entendido como sentido del ritmo, buen oído, etc. También es cierto que hay personas que, de forma natural, están más dotadas que otras para la música, como las hay que lo están para el dibujo, la aritmética, etc. La teoría de las inteligencias múltiples de Gardner explica que cada persona destaca en disciplinas diferentes, aunque las posea todas en distintos grados.

Siguiendo con el entorno y su influencia, también es muy importante para reforzar las habilidades innatas que el niño tenga experiencias gratificantes relacionadas con la música. Una situación desagradable asociada a ciertos sonidos o músicas puede comportar una actitud de “cerrar los oídos” ante las manifestaciones sonoras que retrotraen a la persona a esas impresiones traumáticas. Cuando se produce esta situación de bloqueo, el cerebro deja de procesar ciertas bandas de frecuencias sonoras, con lo que la escucha se va haciendo más parcial, menos precisa y se va perdiendo la capacidad de discriminar las diferencias entre los sonidos. Por eso la persona tiene “mal oído” o desafina. Se escucha peor y el cerebro está menos energizado.

En resumen, todos tenemos capacidades musicales innatas, pero hace falta que sean estimuladas y aumentadas por un ambiente favorable, tanto desde el punto de vista musical como desde el afectivo.

La música y la mejora personal

Vamos a dejar de lado a los músicos profesionales y vamos a centrarnos en las personas que usan la música de manera receptiva o activa no profesional.

¿Cómo puede ayudarnos la música? De distintas maneras, siempre que se cumplan algunas condiciones o requisitos. Veamos las distintas habilidades o cualidades que la música contribuye a desarrollar. Algunas son más propias de las aproximaciones activas; otras lo son de las receptivas.

Aproximaciones receptivas

Cualquier actividad musical, realizada con plena consciencia, ayuda a adquirir una mejor capacidad de escucha, un oído mejor afinado, con las ventajas que ello comporta. La sola audición de música contribuye a la modificación del estado de ánimo, nos va entrenando para una mejor escucha de nuestro interior y del mundo circundante, nos permite conectar con las emociones y expresarlas, por ejemplo, con movimiento o danza mientras escuchamos.

Es importante hacerse conocedores del efecto que nos produce la música y, sobre todo, del efecto de determinadas músicas, de manera que las podamos usar como si fuera un pequeño botiquín musical emocional.

La música, ya sea escuchada o interpretada, puede convertirnos en mejores seres humanos y despertar en nosotros las cualidades más sublimes

Las condiciones necesarias para aprovechar lo que nos ofrece la audición musical música son: 1) escuchar con plena consciencia, sin hacer nada más, como en un ejercicio de meditación; sólo así podremos darnos cuenta de los cambios que se producen en nuestro interior. 2) Escuchar la música que nos guste o nos apetezca, sin dejarnos llevar por conceptos preconcebidos, discos comprados que nos prometen llevarnos a ciertos estados de ánimo…. Es importante conocer el principio del ISO, porque si no podemos dejarnos llevar por ideas erróneas, del tipo: si estás triste deberías escuchar (o te debería apetecer escuchar) música alegre, cuando es totalmente a la inversa.

Aproximaciones activas

Otra forma de aprovechar los beneficios de la música para desarrollar habilidades y cualidades y para nuestro crecimiento personal es la vivencia de hacer música. Podemos formar parte de una coral, de un grupo de músicos aficionados, o tocar y cantar para nosotros interpretando una música ideada por otro, bien sea leyendo la partitura o “de oído”, buscando las notas en el instrumento o cantándola de memoria, si se trata de una canción.

Podemos también usar nuestra inventiva ideando o creando músicas, por sencillas que sean. Aunque parezca una labor reservada sólo a los profesionales, lo cierto es que dentro de las destrezas musicales innatas se encuentra la de improvisar, como los bebés que juegan con los sonidos y con las cantilenas o, más mayorcitos, se inventan canciones. Se trata, por lo tanto, de recuperar una habilidad olvidada. Somos capaces, de combinar los sonidos de manera estructurada, a través de la información y formación musical que hemos asimilado por medio de la cultura (medios de comunicación, entorno social y familiar…).

En mis talleres de musicoterapia trabajo, sobre todo, con música inventada por los participantes y es increíble la inventiva que se manifiesta, una vez se han dejado de lado los prejuicios y las valoraciones negativas sobre las propias capacidades.

Cuencos tibetanos

Una posibilidad es usar la música para desarrollar la interiorización, la meditación y la calma con el canto de sonidos largos (vocálicos), mientras dura una expiración, como si fueran mantras. Además, podemos crear nuestros propios mantras, que son aquellas palabras que tienen una resonancia que nos hace sentir bien. También podemos explorar nuestras posibilidades vocales investigando con el sonido de nuestro nombre, cantando alguna afirmación o permiso. Podemos visualizar situaciones que hayamos vivido en las cuales nos hayamos sentido en plenitud, paz y armonía; evocarlas y ponerles una música propia o recordar alguna melodía que nos sintonice con esa situación.

La melodía de la seguridad es aquella que nos hace sentir bien, ya sea porque nos recuerda algún momento de nuestra vida en el que nos hayamos sentido protegidos y seguros o porque nos transmite este sentimiento, aunque no sepamos de dónde procede. Igualmente, podemos explorar la expresión de nuestros estados emocionales, creando melodías que los reflejen.

La música, ya sea escuchada o interpretada, puede convertirnos en mejores seres humanos y despertar en nosotros las cualidades más sublimes.

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Conxa Trallero Flix


Doctora en Ciencias de la Educación por la Universidad de Barcelona, Máster en Musicoterapia por la Universidad Ramon Llull, Profesora Superior de Música por el Conservatorio de Barcelona y Pianista.