MTA® y estrés

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El estrés


Actualmente el estrés se ha convertido en un problema individual y social que puede afectar a cualquier persona pero que está más extendido en el ámbito de las profesiones asistenciales (médicos, enfermeras, maestros…). Es cierto que la sociedad ejerce muchas presiones sobre todas las personas, pero también es cierto que hay colectivos que, además, están expuestos a situaciones que comportan un alto grado de implicación afectiva y, por lo tanto, de desgaste y cansancio emocional. Cuando la tensión generada por el día a día laboral no se libera el estrés se hace crónico y puede dar lugar al síndrome de burnout en el cual la persona además de tener los síntomas del estrés se siente agotada emocionalmente, muestra indicios de despersonalización y empieza a percibir a las personas que tiene a su cuidado como objetos y a sentir resentimiento hacia ellas. Paralelamente, su sensación de autorrealización va mermando cada vez más.

El estrés se ha convertido en un problema individual y social que puede afectar a cualquier persona

Es importante, por lo tanto, poner remedio a las situaciones de estrés para que los profesionales que se dedican a cuidar de otros no acaben sufriendo burnout, que representa un estadio más adelantado y disfuncional. Pero si bien es cierto que el estrés y el burnout están generados por situaciones de gran compromiso emocional por parte de los profesionales, y que la mayoría de las veces hay factores objetivos que originan una tensión y ansiedad excesivas, también es cierto que el problema no es tanto lo que pasa a su alrededor como la manera en que afrontan las situaciones conflictivas. Y aquí juega un papel importante el tipo de personalidad y las presiones internas a las que la persona está sometida, es decir, su grado de autoexigencia por ser eficaz al máximo y poder resolver los problemas ajenos de una manera operativa. Esta exigencia interna le impulsa a hacer más de lo que puede y de lo que debe hacer, asumiendo problemas y padecimientos que no le son propios.

el Análisis Transaccional


En este sentido, la contribución del Análisis Transaccional (AT) es muy clarificadora, con su concepto de Impulsores. Así, según el AT, los Impulsores se denominan de esta manera porque inducen o impulsan el inicio de conductos inadecuadas que abocan a sentirse mal. Implícito en cada Impulsor hay un mandato parental de contraguión, detrás del cual se encuentra un mandato inhibidor. El mandato de contraguión es un mensaje aparentemente positivo que acaba llevando a un desenlace negativo.

Podemos decir que a través de estos mensajes nos han inculcado la idea que si queremos ser amados y aceptados, debemos comportarnos de una determinada manera. Los Impulsores son: “Sé perfecto”, “Sé fuerte”, “Date prisa”, “Complace”, “Esfuérzate” y “Ten cuidado”.

Ante los impulsores hay dos formas de actuar. Por un lado, hace falta estar muy atento y prevenir la entrada en el circuito de actuación a que nos incitan, y del otro lado redecidir los mandatos negativos que limitan la conducta. Aunque todos podemos entrar en cualquiera de las conductas dictadas por los Impulsores, generalmente hay una o dos que son las más destacadas en cada persona.

Estos tipos de mandatos parentales pseudo-positivos son incluso estimulados y premiados por la sociedad, por lo cual llegan a parecer conductas “recomendables” pero que en realidad a la larga se acaba evidenciando su carácter perjudicial.

Por lo tanto, los Impulsores actúan como elementos que estresan a la persona porque la someten a una presión desmesurada por conseguir ser de determinada manera.

Cada Impulsor se puede contrarrestar y reemplazar por un Derecho Permisor que muchas veces se ha de interiorizar a través de un trabajo terapéutico.

En el método de Musicoterapia Autorrealizadora (MTA), la interiorización del Derecho Permisor se trabaja a partir del canto de permisos realizado por el musicoterapeuta, por el grupo, por los compañeros y por un mismo. Una vez que los participantes en un Taller de MTA identifican sus Impulsores más significativos, se pone en práctica el canto de frases-permiso relacionadas con cada Impulsor, que toman la forma de tienes “derecho a…… ” o tengo “derecho a……” equivocarte o equivocarme, por ejemplo, en el caso del “Sé perfecto”. El hecho de cantar los Permisos en vez de decirlos hablando implica la persona de una forma más global y esto amplifica su efecto.

Los Impulsores actúan como elementos que estresan a la persona porque la someten a una presión desmesurada por conseguir ser de determinada manera

Otro aspecto a considerar, cuando hablamos de las causas del estrés y que también están ligadas a la biografía personal, es el de las emociones parásitas y las emociones elásticas que conviven a menudo con las emociones naturales.

Una emoción natural es aquella que constituye una respuesta funcionalmente apropiada a la situación, tanto por su naturaleza como por su intensidad y duración. Si bien existen muchas clasificaciones de las emociones, el Psicoterapeuta Transaccional Jordi Oller Vallejo* propone un modelo simplificado en el que distingue cinco emociones naturales básicas: Afecto, Miedo, Enojo, Tristeza, Alegría, a las que añade la Tranquilidad como estado de equilibrio homeostático. Cada una puede presentar diferentes grados de intensidad.

En cambio las emociones parásitas son artificiales, pero por motivos de supervivencia han acabado sustituyendo una emoción natural que seria la apropiada teniendo en cuenta la situación. Las emociones parásitas son repetitivas e inapropiadas a la situación. Han sido reforzadas en la infancia, a la vez que la emoción natural que se sentía ha sido descalificada y ha ido quedándose sin expresar; finalmente, acabamos sustituyendo la emoción natural, que no nos aporta caricias de las figuras parentales, por la otra que sí nos las proporciona. Muy frecuentemente, por lo tanto, sentimos emociones que creemos naturales pero que en realidad son parásitas y están ocultando otras de las que no somos conscientes.

Hay otras emociones, que parecen ser apropiadas a las situaciones por su naturaleza, pero que son desproporcionadas por su intensidad y, a veces, por su duración. Se trata de emociones que provienen del pasado, donde quedaron sin resolver ni expresar y que se activan en el presente cuando se produce una situación parecida. Se denominan emociones elásticas porque hacen que la persona quede unida al pasado como con una goma elástica, que cuando se alarga la hace devolver a la situación pretérita.

Además, hay emociones que son más valoradas socialmente que otras. La tristeza difícilmente se permite ser expresada. Igualmente el enojo, la ira o la rabia se suelen considerar “negativas” y son también muchas veces reprimidas.

el trabajo con MTA


A través del trabajo con MTA se explora cuáles son las emociones que tienen un lugar más destacado en la vida cotidiana de cada persona y, una vez ordenadas, se estimula la exteriorización de las menos presentes, porque acostumbran a estar tapadas por las parásitas. Esta expresión se realiza por la vía de la improvisación vocal e instrumental en la que se busca vivir lo más intensamente posible la emoción usando la melodía y el texto, si se quiere, como un vehículo que ayuda a la manifestación y, en caso de las emociones elásticas, al cierre y resolución de la situación antigua. El papel del grupo es el de apoyar cada emoción expresada por el resto de participantes.

Los Estados del Yo, Padre, Adulto, Niño son también una importante aportación del Análisis Transaccional que, como los dos conceptos anteriores, he incorporado a la MTA. Si partimos de la base que estos Estados son partes de nuestra personalidad se puede comprender la importancia de tomar conciencia de ellos y de poder establecer un diálogo con cada uno. Por la vía del trabajo con el Niño (en definitiva, con el Yo Cuidado, según Jordi Oller Vallejo) podemos llegar a nuestras vivencias y sentimientos de fragilidad, debilidad y desprotección para ponerlas en manos de nuestro Padre o parte parental (en definitiva, de nuestro Yo Cuidador) y poder reconocer en nosotros la capacidad necesaria para hacernos cargo de nuestros aspectos más indefensos, posibilitando además el desarrallo del Adulto (o sea, de nuesto Yo Individuador).

Por medio de la visualización y la interiorización tomamos contacto con nuestro Niño y le damos protección, seguridad y consuelo desde el Padre, a través del canto de canciones que incluyan frases tranquilizadoras. La MTA propone actividades encaminadas a reconocer los factores estresores presentes en cada persona, comprende su origen y resolver el conflicto que generó, en el pasado, esta situación emocional.

A través de las sesiones se busca lograr una serie de objetivos que se exponen a continuación, seguidos de su correspondiente argumentación:

  • Disminuir la ansiedad, la agitación y la impaciencia y o/prevenir su aparición. Mantener un estado de tranquilidad y calma durante las sesiones de MTA. La impaciencia manifiesta una exigencia interna de darse prisa, que actúa como un elemento estresor. El control de la ansiedad logrado en las sesiones se hace extensivo, poco a poco, a la vida cotidiana de los participantes que ven disminuir su estrés o el riesgo de sufrirlo.
  • Disminuir el bloqueo y facilitar la conexión y la expresión emocional. La desconexión emocional dificulta la resolución de conflictos. Implica un querer ser fuerte, un Impulsor que actúa como elemento estresor. Es necesario que la persona sea consciente de lo que siente y se permita manifestarlo como un primer paso terapéutico.
  • Disminuir la tensión muscular. Aprender a relajarse con ayuda de instrucciones al principio y posteriormente de forma autónoma. La tensión muscular es también un síntoma de tensión o bloqueo emocional, un querer ser fuerte. Impide una buena relajación y una buena respiración. Relajando la musculatura ayudamos a la persona a sentirse más conectada con el cuerpo y más atenta a la aparición de nuevas tensiones.
  • Aumentar la capacidad de dejar fluir las situaciones, de actuar sin un esfuerzo desproporcionado o mal dirigido, con espontaneidad y naturalidad enfocadas a la consecución de una meta. Aumentar la flexibilidad y la capacidad de adaptación a los cambios sin que resulten estresantes. La idea de que hace falta esforzarse mucho por hacer todas las actividades supone un alto grado de estrés para la persona, que acaba poniendo más energía en el esfuerzo que en conseguir lo que pretende. Es importante aprender a enfocar y dosificar el esfuerzo para que los objetivos lleguen a buen fin.
  • Aumentar la capacidad de aceptar las propias imperfecciones y limitaciones. El querer ser perfecto es una autoexigencia estresora, que hace que la persona esté siempre descontenta de lo que hace y en continua lucha y esfuerzo por llegar a la perfección, que al ser inalcanzable le comporta una gran insatisfacción.
  • Disminuir las actitudes y respuestas que buscan complacer los demás pasando por encima de las propias necesidades u opiniones. El querer complacer es una manifestación de inseguridad, de necesidad de encontrar la afirmación de la persona en los demás, en lugar de encontrarla dentro. Las actividades musicales ayudan a afirmar a la persona, le dan más autoestima y seguridad, lo cual la ayuda a no estar tanta pendiente de la valoración externa.
  • Disminuir el estado de ánimo depresivo, los sentimientos de miedo, aislamiento, desconfianza e indefensión. Confiar en el respaldo y aceptación del grupo. La actividad con la música crea una gran satisfacción y plenitud; es gratificante y sirve de bálsamo para las heridas emocionales. La Musicoteràpia proporciona un entorno seguro y protector que ayuda a disminuir la necesidad de ir con cuidado.
  • Reducir la preocupación excesiva por el trabajo. Aumentar la capacidad de focalizar la atención y la concentración en las actividades propuestas. El realizar actividades que implican a la persona físicamente, emocionalmente e intelectualmente la ayuda a estar más integrada, a distraerse de las preocupaciones cotidianas, mientras la centran en el momento presente.
  • Reducir los síntomas psicosomàtics como por ejemplo temblores, sudores, mareo, dificultad para respirar, taquicardia… A medida que los participantes van adquiriendo recursos y estrategias para calmar la ansiedad y el estrés ven disminuir las manifestaciones físicas. Cantar es una de las formas de centrar la atención, de disminuir el ritmo respiratorio y de relajarse.

En definitiva, las sesiones de MTA proporcionan un espacio donde cada cual se hace consciente de aquellos elementos que le están estresando y que dependen de las propias emociones, pensamientos y actitudes. Son, por lo tanto, modificables. Quizás no se podrá cambiar la realidad externa que vive cada persona, pero la MTA le aporta herramientas muy efectivas para afrontar y manejar eficazmente esta realidad de manera más serena y sin angustias.

Conxa Trallero Flix


Doctora en Ciencias de la Educación por la Universidad de Barcelona, Máster en Musicoterapia por la Universidad Ramon Llull, Profesora Superior de Música por el Conservatorio de Barcelona y Pianista.