Sesiones de Musicoterapiaen la Liga Reumatológica Catalana

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El texto que sigue reproduce íntegramente el artículo publicado en catalán en el número 52 de Reu+, la Revista de la Lliga Reumatològica Catalana correspondiente al mes de junio de 2008. Pág. 22-23.

Texto


La actividad de Musicoterapia que venimos efectuando en la Liga Reumatológica Catalana es un espacio de experimentación libre, de creatividad, de comunicación y de expresión. A través de las actividades musicales que realizamos, cada persona se pone en contacto con su interior buscando el sonido y la música que en cada momento necesita expresar para sentirse mejor, a veces tranquila y en otros momentos con más energía.
Pero con esta actividad no sólo buscamos el contacto con uno mismo sino también la interrelación con los miembros del grupo, que se da a través de la música, tocando y cantando, ya sea con palabras y, por lo tanto, con contenido verbal, como con sonidos melódicos que configuran un lenguaje no verbal.

Iniciamos las sesiones con ejercicios de ritmo, partiendo de una música de percusión grabada y que sirve de base para que los participantes se muevan (cada uno según sus posibilidades motrices) para descargar las tensiones, al mismo tiempo que tocan instrumentos de percusión para ayudar a expresarse rítmicamente y a canalizar de forma estructurada su necesidad de desahogarse y de liberar las tensiones. Muy a menudo nos damos pequeños golpecitos con las manos sobre todas las partes del cuerpo, siguiendo un ritmo, con el fin de sentir el cuerpo más despierto; cada persona se lo hace a ella misma y también al compañero.

Acto seguido escuchamos una o dos músicas grabadas, una para conectar con las emociones y otra para entrar en un estado de relajación y tranquilidad interior, después del movimiento. Dejamos que la música penetre todos los poros de nuestro cuerpo, la respiramos, y también cantamos encima, siguiendo la melodía, una frase que habla sobre la tranquilidad que tenemos dentro de nosotros y que nos ayuda a calmar la ansiedad.

En casi todos los encuentros dedicamos un rato a hacer unos ejercicios para aprender a respirar mejor, con más amplitud, mientras trabajamos la emisión de los sonidos vocales, largos, siguiendo el ritmo de la propia respiración. Primero cantamos con la boca cerrada, como si quisiéramos decir la “m” y escuchamos su resonancia por todo el cuerpo; después vamos abriendo la boca y trabajando con todas las vocales y con las consonantes que más resuenan (la m, la n, la ng, etc.); y, por último, hacemos diferentes combinaciones de vocales y consonantes, siempre con sonidos largos coordinados con la respiración. En este punto, al inspirar hay que llenarse bien de aire y al expirar se suelta el aire junto con el sonido, utilizado la respiración abdominal, básicamente. Este rato de trabajo con la voz y la respiración proporciona un estado de relajación muy intenso. También jugamos, a veces, a explorar qué sonidos puede hacer cada uno con su voz: largos o cortos, agudos o graves, fuertes o flojos, usando diferentes sonidos, o palabras inventadas…

Una actividad que a menudo incorporamos es la del viaje interior del sonido, en la cual cada participante escoge un sonido cantado que note que tiene mucha vibración y resonancia, y lo hace viajar imaginariamente por todo el cuerpo, primero bajando desde la cabeza hasta los pies y después haciéndolo subir. Una vez hecho el recorrido se concentra en una parte del cuerpo particularmente tensa o dolorida y dirige la vibración de este sonido (vibración a la cual se suman también las de los sonidos de los otros participantes), haciéndose un masaje con la vibración sonora.

También trabajamos por parejas. Puede ser cantándole al compañero o compañera una “caricia” verbal, es decir, expresándole una cosa que nos gusta de él o de ella por medio de una frase inventada, a la cual la persona le pone una música también inventada sobre la marcha. La pareja escucha y recibe este reconocimiento con los ojos cerrados. Después se intercambian los papeles. Una variante de esta actividad consiste en cantar a la otra persona la afirmación de alguna cualidad que quiera conseguir o reforzar de ella misma.

Otras veces se trata de cuidar de la pareja cantantándole una música que salga de dentro, espontáneamente, con la intención de ayudar a que la otra persona se sienta bien con ella, le llegue al fondo y le afecte positivamente.

Acabamos las sesiones haciendo trabajo de grupo, en círculo, con diferentes actividades, según el momento. Algunas veces pido a cada participante que se conecte con su interior y con su estado de ánimo o emoción del momento y lo exprese cantado, sin texto, inventándose una melodía que suele acompañar con algún instrumento de percusión. El resto le escucha unos instantes y después se añade al canto, siguiendo el mismo “clima” y emoción que ha creado la persona. Cada uno expresa de esta manera cómo se siente y el resto acoge su expresión, empatiza con ella y lo acompaña.

Igualmente cantamos afirmaciones grupales, de aspectos que todos los miembros del grupo quieran asegurar. Otras veces hacemos improvisaciones más estructuradas sieguen una escala de blues, por ejemplo, dónde alternamos “solos” y fragmentos en que improvisamos todos juntos cantando y tocando.

Hacer una música entre todos dedicada a cada uno de los miembros del grupo también es una actividad frecuente, en la que la persona que recibe la música sólo escucha y el resto hace un ejercicio de “ponerse en el lugar del otro” e inventar entre todos una melodía que le ayude a sentirse mejor.

También hemos dibujado las voces de todos mientras cantaban. Igualmente, hemos hecho entre todos una letra relativa al grupo y cada persona ha inventado una melodía, con lo cual cada participante ha creado una canción propia.

Hacemos visualizaciones de paisajes o situaciones de calma, paz y serenidad en las que ponemos música con nuestra voz, cantando lo que nos sugiere la imagen vivida, como si fuera una banda sonora que nos ayuda a fijar más intensamente las sensaciones de distensión.
Después de una sesión de Musicoterapia cada persona se siente más relajada y más realizada por el hecho de haber hecho y creado música, con un estado de ánimo más positivo y con la riqueza y plenitud que comporta el haber compartido con el grupo emociones, sensaciones y vivencias. Durante este rato, los protagonistas han sido el sonido, la música, los instrumentos, las voces y su vibración; un rato en el que el dolor, las preocupaciones y el malestar han quedado en un segundo plano o, en el mejor de los casos, se han podido olvidar.

Para hacer Musicoterapia, no es necesario tener ningún conocimiento musical ni saber cantar o tocar ningún instrumento. La música es un medio de expresión que redescubre y aprovecha las capacidades musicales innatas que todos tenemos, aunque no seamos conscientes de ellas. Es una experiencia muy gratificante y aunque al principio algunas personas sienten temor por no saber qué cantar o cómo hacerlo, poco a poco van adquiriendo recursos para dejarse ir, mientras pierden el miedo de investigar sus propias capacidades musicales y aprenden a expresarse desde su interior.

Conxa Trallero Flix


Doctora en Ciencias de la Educación por la Universidad de Barcelona, Máster en Musicoterapia por la Universidad Ramon Llull, Profesora Superior de Música por el Conservatorio de Barcelona y Pianista.